La eficiencia energética en aparatos electrónicos

03/03/2022

Los aparatos energéticamente eficientes contribuyen a un uso responsable de la energía y de los recursos naturales

La presencia de aparatos electrónicos en nuestro día a día es cada vez mayor. La lavadora, la nevera, el horno, el microondas, la televisión, el móvil, el ordenador, las lámparas, los despertadores… Todos estos aparatos electrónicos consumen energía, un bien escaso que en ocasiones no valoramos, y que consumimos sin ser conscientes del elevado coste económico y medioambiental que supone. 

Aunque haya fuentes de energía sostenibles, como la solar, la valorización energética o la eólica, para obtener la energía que consumimos en nuestros hogares aún dependemos en gran medida de los combustibles fósiles como el petróleo o el gas natural, que además de utilizar recursos naturales no renovables emiten a la atmósfera grandes cantidades de CO2 y otros gases de efecto invernadero.

Por ello, además de hacer un uso responsable de todos aquellos productos que consumen electricidad, otra de las medidas que podemos adoptar en nuestros hogares para reducir el impacto de los aparatos electrónicos en el medio ambiente y, de paso, ahorrar en nuestra factura de electricidad, es tener en cuenta su eficiencia energética a la hora de adquirir nuevos productos.

La eficiencia energética se basa en un uso eficiente de la energía. Es decir, para una misma función, optar por aparatos que consumen menos energía. El ejemplo más claro de esta eficiencia son las bombillas que iluminan nuestros hogares. Para generar la misma luz, las tradicionales bombillas incandescentes - cuya fabricación se prohibió en la Unión Europea en 2012 por su baja eficiencia - consumían 100 W, mientras que, gracias a un mejor diseño, las actuales bombillas led consumen únicamente entre 10 y 15 W, con el consiguiente ahorro energético y reduciendo las emisiones de CO2 a la atmósfera.

Este mismo principio se puede aplicar a todos los aparatos electrónicos que utilizamos habitualmente en nuestros hogares. Por ello, en el momento de adquirir un nuevo producto electrónico debemos de tener en cuenta su eficiencia energética. Para facilitar la tarea, existe una Etiqueta energética establecida por la Unión Europea, que clasifica los aparatos electrónicos en una escala en función de su eficiencia.

La escala va desde la letra A y color verde oscuro, la más eficiente, hasta la G, identificada con el color rojo oscuro y la de menor eficiencia energética. Es de obligada aplicación para los siguientes grupos de productos: frigoríficos y congeladores, lavavajillas, lavadoras, televisores y bombillas y lámparas, que deben de tener la etiqueta claramente visible en el punto de venta. 

Mediante estas etiquetas podemos identificar rápidamente qué producto electrónico es más eficiente, gracias a la escala de letras y colores y a los datos que se tienen que consignar expresamente en la etiqueta, como el consumo anual de energía. Las etiquetas también incluyen otras variables, como el ruido que hace un frigorífico al funcionar o los litros de agua que consume una lavadora durante su uso, factores que también deben de ser determinantes a la hora de valorar qué producto adquirir. 

En ocasiones la eficiencia puede tener un reflejo en el precio, haciendo que los aparatos más eficientes sean más caros. Aún así, teniendo en cuenta el coste de la energía que consumen con respecto a los de menor eficiencia, los electrodomésticos energéticamente más eficientes suelen salir más económicos. Por ejemplo, a lo largo su vida útil una lavadora con la clasificación energética A puede ahorrar cientos de euros en consumo energético y de agua, con lo cual resulta más económica que otras que no sean tan eficientes aunque sean algo más baratas a la hora de adquirirlas.

El uso adecuado de los electrodomésticos también contribuye a la eficiencia energética. En el caso de las lavadoras y lavavajillas, por ejemplo, si seguimos las indicaciones de los fabricantes para elegir los programas más eficientes y aprovechamos su capacidad de carga al máximo, estaremos ahorrando tanto energía eléctrica como agua. Apagar completamente aparatos electrónicos como las televisiones o los ordenadores también es una buena forma de ahorro, ya que en los modos reposo o standby continúan consumiendo energía sin prestar ningún servicio. Abrir constantemente las puertas del frigorífico o congelador y meter alimentos aún calientes incrementa el esfuerzo para enfriar lo que tienen que hacer este tipo de aparatos, por lo que hay que evitar ese tipo de usos incorrectos.

En cualquier caso, siempre hay que tener en cuenta que el mayor despilfarro energético se produce cuando un aparato electrónico que no estamos utilizando sigue encendido. Una lámpara encendida en una habitación en la que no hay nadie, una nevera con la puerta mal cerrada o una calefacción calentando en invierno con las ventanas abiertas, por muy eficientes que sean los aparatos, estarán derrochando recursos, ya que no nos están prestando servicio. Por eso hay que recordar que la mejor manera de consumir la energía eléctrica es haciendo un uso responsable de la misma, utilizándose únicamente cuando la necesitemos y de la forma más eficiente posible.

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